La contingencia a muchos nos ha “obligado” a permanecer en casa (hay quien tiene que salir porque sus condiciones son muy distintas y enmarco éstas en dos grandes categorías; es decir, hay de “dos sopas”: los que salen porque tienen que trabajar forzosamente y los que salen por una estupidez supina). El estar en casa se ha potencializado el uso de los medios electrónicos de comunicación social como vía para “relacionarnos”, “saber lo que pasa en el mundo”. Sí, al menos virtualmente.

 

El uso de las redes sociales ha tenido un crecimiento enorme (que de por sí nuestro país es uno de los que más utiliza estas herramientas, y que por tal motivo se trae a colación una frase tan “ilustrativa”-espero no me acribillen por esto- de nuestro Presidente de la república, “el coronavirus quedó como anillo al dedo”, en cuanto se refiere a esta cuestión y ya en sintonía con las frases populares, los mexicanos le damos “vuelo a la hilacha” en el uso de estos medios, ahora mismo estarás utilizando alguno para leerme, ¿Verdad? Los pillé).

Y es en este punto cuando invoco a un clásico, a Platón. Es en la “República” en el libro séptimo donde el autor narra el “Mito de las cavernas”, el cual se los resumo muy brevemente parafraseando:

Imagínense unos hombres que son esclavos y se encuentran en una caverna, los cuales      están atados con unas cadenas, de tal manera que no pueden moverse, solo pueden mirar hacia delante. Detrás de los esclavos, hay hombres, que pasan de largo constantemente y   de los cuales escuchan sus voces. Delante de los esclavos hay una pared y en medio de la  pared y ellos un fuego, un fuego que refleja las sombras de los hombres que pasan por  detrás. Pero para los cautivos no son sombras, para ellos es la realidad, pues es lo único que conocen. Uno de los esclavos se logra liberar y logra ver a los hombres como son   realmente, y más aún sale de la caverna y observa la realidad: los árboles, los animales,  observa el sol, pero como no está habituado a lo que ve se asusta y regresa a la caverna,   quiere contarles a los demás, pero sabe que no le creerán, y llega a convencerse que lo  real son las sombras, que posiblemente se está volviendo loco, quiere volver a esta encadenado…

¡Oh, grande Platón! Nos sigues dando mucha “luz” (ser conscientes de la realidad, pues “nos invitas a salir de la caverna” en medio de “tanta oscuridad”). Y es que ese mundo virtual en el que vivimos, en gran parte lo que vemos son fantasmas (del griego, imagen), son sombras, en gran medida entonces no hay correspondencia con la realidad, somos los nuevos esclavos en este universo mediático, globalizado, que nos absorbe; como diría Sartori, el hombre de hoy en día es homo videns y no homo sapiens, es decir, hombre que ve y no piensa, estamos en la era de la imagen impuesta por otros y que nos “venden” como la realidad, y no nos atrevemos a mirar a la realidad; no nos atrevemos a pensar, tenemos esa función casi inerte, porque no estamos habituados, nos han encadenado en parte, pero nos podemos liberar, podemos salir a ver el sol, el sol de la sabiduría (la educación, la lectura, el amor de familia, incluso el buen uso de las mismas tecnologías, etc.), de lo que nos da la verdadera vida. Nos asusta conocernos a nosotros mismos, hacer introspección, nos asusta conocer, el proceso de conocer “duele” (lastima la vista ver el sol) y da miedo.

Que este tiempo nos sirva para contemplarnos a nosotros mismos, no en un espejo, sino a través de la reflexión de lo que somos, contemplar los árboles (la naturaleza), los demás hombres (la familia), los animales (las mascotas), que nos encontremos espiritualmente (con ese ser Supremo), que encontremos miles de vidas y mundos reales en los libros, en fin, que nos sirva para ser más humanos, que nos ayude a voltear a ser homo sapiens sapiens. Lástima que casi nadie me creerá, pero con uno que logre ver el sol y se mantenga, será una de las más grandes dichas, aunque se quede en el anonimato (ese le mostrará el sol a otro y así sucesivamente, compartamos).

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