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Procesos electorales en contingencia

Por César Stevens

26 de enero de 2021.-  La contingencia generada por el Covid-19 nos tomó por sorpresa a todos y a pesar de que en su momento la sociedad lo advirtió como algo meramente pasajero, a casi un año de que se tomaran las primeras medidas en nuestro país, tal pareciera que poco se ha avanzado y mucho se ha padecido.

Resulta especialmente interesante (y complicado) seguir de cerca el desarrollo de las actividades político-electorales que se encuentran en proceso; es evidente que han cambiado drásticamente las formas de interacción social y que hoy nos encontramos ante un proceso sin precedentes, en lo que el Instituto Nacional Electoral (INE) ha calificado como “las elecciones más grandes en la historia del país” y que además se encuentran en el contexto de la transición hacia una nueva normalidad en la  que las actividades políticas y electorales se ven puestas a prueba como nunca antes al enfrentarse a retos como las restricciones de movimiento o las limitaciones de aproximación social. 

Ante esta situación, las reacciones que han tenido los partidos políticos, sobre las actuales condiciones en que vivimos, se han caracterizado por un conveniente y aterrador silencio que les ha permitido desarrollar sus actividades casi con la misma normalidad que hace 20 años, eso sí, diciendo una y otra vez que la situación es grave y tratando de dejar en la boca el sutil sabor de que con ellos la situación estaría mejor. Pues, aunque no lo demuestren claramente, parece que les preocupa más perder terreno ante la competencia que la salud de los ciudadanos y de sus propios posibles candidatos, colaboradores, militantes y simpatizantes, salen a las calles sin protección, organizan reuniones con los mal llamados “pre-candidatos” e incluso llaman a “vivir la vida con normalidad”, solo para no perder el “capital político” que por tantos años han mantenido.

Cesar Stevens

Desde la otra esquina, la de las opciones independientes debo decir que el panorama luce completamente distinto ya que la naturaleza de conseguir el respaldo ciudadano implica la aproximación real y sincera hacia las personas, hablar con ellas, escuchar sus inquietudes y opiniones de primera mano, vamos a desmentir los vicios del proceso, acciones que se ven severamente restringidas no solamente por las medidas dictadas por las autoridades, sino por el propio miedo y desconfianza que las personas tienen de que se les acerque un desconocido, les pida quitarse el cubrebocas para tomarles una foto y les invite a que le otorguen su firma y les pida una foto de su credencial.

Es así, que mientras las autoridades electorales ponen todos sus esfuerzos en poder llevar a acabo las elecciones más grandes en la historia del país de una forma “segura”, sin contratiempos y en plena emergencia sanitaria; los partidos políticos mueven sus cartas por debajo de la mesa para ver cómo salir mejor beneficiados o al menos no salir mal librados de la actual situación, mientras que los aspirantes a candidaturas independientes batallamos en la primera línea por conseguir proponer una nueva opción a la ciudadanía; resulta innegable que especialmente ahora es necesario que los ciudadanos se involucren activamente y a conciencia en decidir la mejor opción para las elecciones que se avecinan, pues sin duda, hoy más que nunca una buena decisión puede suponer mucha diferencia.

Pensar en que vivimos en un país con una democracia que ha terminado de consolidarse y que es además una práctica ciudadana es una idea que se aleja mucho de la realidad. Lo electoral se ha puesto en el centro y la lucha que emerge de ello ha vuelto a la democracia vulnerable: la corrupción, los escándalos, la falta de acuerdos entre los tres poderes y entre los partidos políticos. La política se encuentra tan centrada en los partidos políticos nacionales (y locales), en sus mafias y sus cacicazgos, que sus defectos acaban por trasladarse de manera automática a la política en sí. Los ciudadanos han optado no sólo por alejarse de las urnas sino por abandonar la idea de ejercer su capital político. 

Hoy me lo dijo Don Armando muy claramente: “mijo, hace años que yo no saco la credencial de elector, me usaron y me mintieron, por eso ya no confío en nadie, pero si la tuviera, nomás por joderlos, le ayudaba”. Un claro ejemplo del hartazgo, y la decepción que los habitantes de la colonia “El Porvenir” (en Morelia) tienen para con el actual sistema de partidos.

He escuchado el desazón que se pronuncia al nombrar a la política, y creo que todos la hemos sentido alguna vez. Estamos en un momento transitorio hacia la democracia participativa que realza la necesidad de que las nuevas opciones que tenemos en la boleta dejen de ser opciones partidistas y sean candidaturas independientes, construidas por y para los ciudadanos. Las plataformas independientes son muy pequeñas en comparación con las grandes redes que los partidos han conformado con el paso de los años. Pero la red que estamos construyendo, quiero creer, parte del cuidado: de nuestros colaboradores, de nuestra comunidad.  El cuidado de mucho más que usar el capital político de la ciudadanía a conveniencia. ¿Cómo construir en tiempos de pandemia cuando no existen condiciones sistemáticas que lo permitan? Cuando la Nueva Normalidad parece no sólo tratar de retomar las mismas actividades laborales y económicas, sino las mismas prácticas políticas. 

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