Economías emergentes en tiempos de emergencia

Por César Stevens

3 de febrero de 2021.- El pasado 28 de enero la Secretaría de Economía, presentó el “Programa de Apoyo Financiero para Microempresas Familiares” por el cual se destinarán 1,500 millones de pesos para otorgar 60,000 apoyos a microempresas. Esta es una de las estrategias que buscan reactivar la economía de microempresas y familias que el año pasado se vieron afectadas por la pandemia, y que si este año no apoyamos, probablemente caerán en el desempleo o incluso la quiebra.

Sin duda, una de las enseñanzas que nos está dejando la pandemia es justamente repensar la forma en que ejercemos nuestro papel como sujetos económicos. Pues a pesar de que han pasado varios años desde que se habla de las llamadas economías redondas o circulares, no es sino hasta los últimos meses que el tema vuelve a ponerse sobre la mesa y que cobra fuerza el por qué es importante consumir local.

Sin embargo, parece que al gobierno “moral” de la 4T se le olvida el significado de las palabras “empatía” y “solidaridad”, pues aunque existan este tipo de apoyos económicos, siguen sin existir condiciones que favorezcan al negocio local, que les permitan desarrollarse, es ahí donde les fallamos a los microempresarios. Dentro del programa recién anunciado, por ejemplo, uno de los requisitos es que quienes soliciten este apoyo estén al corriente con sus obligaciones fiscales.

Para muchos esto puede ser más que obvio, pero entonces limitamos el apoyo a pequeños comercios, no debería llamarse “…Apoyo..a Microempresas…”, pues una vez más el gobierno privilegia sólo a los que tienen herramientas suficientes para estar al corriente de sus impuestos, y se olvida de los que están al borde de la quiebra.

Incluso cuando los pequeños comerciantes tratan de llevar al corriente sus impuestos, el gobierno mexicano no lo pone sencillo: si una persona, pese al declive económico ha decidido emprender en medio de la actual crisis, se enfrenta como primer obstáculo con una burocracia que cae día con día en lo inerte y un SAT al que acceder es una completa osadía.

Aunado a esto, los cursos que generalmente se ofertan en incubadoras de emprendimiento a microempresarios, tuvieron que migrar a la modalidad virtual; y asumir que no involucrarse en ellos tiene que ver con falta de interés y no con la falta de condiciones que garanticen su acceso a todas las personas es perpetuar la idea de que “el pobre es pobre porque quiere”. Así, tenemos a nuestros microempresarios sin capacitaciones y también sin trámites que les posibiliten desarrollar sus actividades fuera de la informalidad, y por ende sin apoyos económicos.

La recaudación de impuestos en los tres niveles es algo que debe fortalecerse, sí, pero sólo después de una exhaustiva reforma fiscal (misma que, aunque nos prometieron que vendría, tal parece que no llegará con esta ola de “transformación”). ¿Por qué no mejor premiar a los que están al corriente con sus impuestos y apoyar también, quizá en menor escala, a aquellos que no lo están?

Como cereza del pastel, en Michoacán las nuevas medidas que buscan disminuir el riesgo de contagios no sólo han demostrado ser ineficientes (pues, finalmente las personas siguen encontrando horas pico para aglomerarse), sino que repercuten directamente en las ganancias de los negocios locales. Si bien el e-commerce ha tenido un alza importante, no podemos hacernos de la vista gorda con las formas y dinámicas de los mercados, de las tienditas de la esquina, de los trabajadores a los que les redujeron la jornada, de negocios que con menos horas pierden día con día solvencia económica.

Es innegable que las colonias, las pequeñas comunidades, se han unido más, encontramos medios para crear comunicaciones estrechas y a través de ellas ofertar y comprar los productos que solventan las necesidades de la comunidad; así tenemos que la sana distancia nos ha traído cercanía entre consumidores y productores, pero. ¿Cómo los sacamos de la informalidad, cómo hacemos que deje de existir la pregunta constante entre arriesgarse a morir por un virus o por hambre?

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