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Las Instituciones Electorales

Por César Stevens

26 de febrero de 2021.- La semana pasada afirmé que las instituciones electorales hacen todo lo posible para que todos podamos participar en política, y les conté un poco del largo camino que es una candidatura independiente, hablamos solo del inicio de este proceso; esta semana quiero profundizar un poco en el primero de estos temas: el actuar de las instituciones electorales.

Desde mi perspectiva, las instituciones electorales realmente trabajan por la democracia y hay que tener en cuenta que, si bien nuestra democracia no es de las mejores en el mundo, si es de las más preparadas hasta ahora: tenemos un montón de normas y procedimientos que salvaguardan nuestro derecho a votar y ser votados, tenemos uno de los aparatos electorales más grandes y funcionales del mundo, comparable con cualquiera.

Sin embargo yo veo dos problemas:

  • El primero de ellos es que las instituciones electorales no apuestan a que confiemos los unos en los otros.
  • El segundo es que a pesar de lo grande, costoso y bien estructurado del aparato, aún no funciona, de hecho, podríamos decir que funciona a medias, para la mitad del país funciona, para la otra mitad no.

Trataré de explicarme por partes, en primer lugar, no porque tengamos las mejores normas, y organismos reguladores y garantes de nuestros derechos, quiere decir que seamos los ciudadanos cuyos derechos electorales mejor se hacen valer; más normas no es sinónimo de más libertades. En realidad es todo lo contrario, el hecho de que tengamos todo tan regulado, o que incluso creamos que hacen falta normas en la ley (como el hecho de que, no quede claro en la ley electoral qué hacer en en contra de una omisión) sólo refleja la constancia y gravedad de los delitos, infracciones o violaciones que día a día se cometen en contra de nuestros derechos; lo ideal sería que con pocas reglas pudiéramos organizarnos adecuadamente.

Imaginemos cómo funciona un salón de clases: al inicio del curso cada profesor pide a los alumnos que le ayuden a poner las “reglas del salón”, con el objetivo de que todos estén conscientes de lo que se puede y no se puede hacer, por ejemplo, que solo puede ir al baño una persona a la vez; hasta aquí todo está bien, pero ¿y si los amigos de playera roja comienzan a distraer al profesor para que no note que hay más de un alumno en el baño a la vez? el profesor podría nombrar un alumno para que le ayude a vigilar que se cumplan las reglas, sin embargo, resulta que los amigos de playera azul lograron ser amigos del alumno vigilante de las reglas, y lo están convenciendo de que les permita a ellos ir de dos en dos al baño, al darse cuenta de esto los amigos de playera verde, naranja y guinda reclaman y exigen tener cada uno una representación que vigile que las reglas se cumplen y así, hasta que queda estipulado que los de playera roja deberán ir al baño de a uno en un horario desde las 10:00 a las 11:00 hrs, y que si se faltan por un momento su horario tendrán una sanción que será revisada por una comisión de profesores que tendrán que ayudarse de los medios de prueba…

Bueno, así de complejo (pero mucho, mucho más) es nuestro sistema electoral, y no es precisamente malo, no es malo per se, lo malo es que parece que el sistema no tiene para cuando parar, y aquí entra el segundo problema.

Pareciera que las instituciones electorales se preocupan por la educación cívica y electoral como una responsabilidad que “se debe” cumplir de cualquier modo, y no como una prioridad para atender.

Las instituciones electorales no sólo deben ponerse como metas lograr unificar, organizar y llevar a buen término elecciones que significan el cambio de poder, deben apostar por que en un futuro próximo cada vez necesitemos crear menos reglas, pues entonces querrá decir 1. Que confiamos en nuestras autoridades para resolver los conflictos sin vicios ni sesgos, y 2. Que poco a poco los mexicanos nos volvemos más responsables, más informados y más participativos con nuestros derechos, deberes y el poder que representan nuestros derechos político electorales.

Las instituciones electorales en México nacieron formalmente en los 70s, en los 90s lograron su independencia, y apenas en la década pasada comenzaron a consolidarse como lo que hoy conocemos, a casi 50 años de que comenzaron a andar en México, hoy necesitan tomar con responsabilidad su papel fundamental como una de las instituciones que velan por el futuro de México.

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