“El reflejo maldito”

Una prima lejana llegó a vivir junto a nuestra casa, con sus dos hijos uno de 3 años y otro de nueve meses, su esposo un hombre cayado, pero muy trabajador y responsable, este venía a trabajar las tierras de mi padre, más arriba vivía, la hermana del esposo de mi prima, esto hizo que para mi prima se hiciera más grata la estadía en su nueva casa, una mañana la prima fue a nuestra casa, estaba muy asustada ya que en la noche la había visitado algo o alguien, esto que la visitó , la golpeó en repetidas ocasiones, cuando despertó a su esposo, ese alguien se había ido, pero como muestra que aquello había sido real, tenía sus brazos y piernas llenos de morados, el esposo un hombre, callado y tímido no supo darle consuelo, así que fue a nuestra casa a que mi madre le ayudara o le diera alguna idea de que podría ser y que podía hacer, mi madre dijo que era un duende, en aquel entonces se le llamaba duende a los hombres que practicaban la brujería, lo que podía hacer era, bañarse con la planta de ruda y esto lo alejaría, pero no fue así, cada mañana amanecía peor, su cuerpo todo golpeado, en la noche no dormía y en el día, no es que hubiera mejoría, ya que mientras hacía los alimentos estos se llenaban de arena, muchas veces aparecían sapos o serpientes dentro de la olla donde cocinaba, como no podía dormir en la noche , cualquier rato que tenía en el día se quedaba dormida, pero en varias ocasiones sus pequeños aparecían en el patio, después que ella los tenía a su lado, los niños decían que una señora era quien los sacaba y se iba, esto tenía a la mujer apuntó de enloquecer, hicieron misas para aplacar aquel mal o expulsar ese engendro, pero nada de esto servía, cada que recurría a alguien para que la ayudara , se hacía más fuerte y los ataques más violentos, ya era un palillo de lo flaca que estaba como decía mi madre, trajeron a Fabiola una bruja muy reconocida en la región pero de nada sirvió, esa tarde antes de que llegara por completo la noche , todos en casa veían como un árbol grande que había afuera de la casa se meneaba como si alguien estuviera en el, pero allí no había nadie, esa noche fue peor que todas, intentaron ahogarla, ella decía que es como si le hubiesen metido algo dentro de la boca y bajaba hasta su garganta, impidiéndole respirar , cuando creía que iba a morir ahogada, la dejaban tomar aire, pero cuando quería despertar a su esposo para decirle lo que estaba pasando, volvían a obstruir su boca y por ende le impedían respirar, esa noche creyó que moriría , cuando llegó el día era un mar de lágrimas, se quería morir.
Mi madre le consultó a la abuela, esta también dijo que podría ser un duende, ya que las brujas no atacan de día, pero que la manera de actuar era muy extraña, así que era difícil dar una respuesta satisfactoria, pasaron cosa de tres años, la mujer era un mar de nervios, mi madre decía que en pocos meses estaría loca por completo que sería de aquellas criaturas, ya que el padre no era un hombre muy despierto, un domingo mamá, la prima y yo fuimos al pueblo, precisamente mamá quería darle algunas vitaminas y unos calmantes, pues estábamos muy preocupados por la salud mental de mi prima, dio la casualidad que nos encontramos en la calle a una Murcia, supe después que se le decía Murcia por que venía de una ciudad de España con ese nombre, en realidad era una gitana, al vernos se quedo mirando a mi prima, le dijo que a ella la querían enloquecer, quien le estaba haciendo esto la odiaba por sobre todas las cosas del mundo, mi madre le preguntó si era un duende o una bruja, la Murcia le dijo que no era nada de eso que era una persona cercana a ella que le había puesto algunas cosas de cementerio, estas estaban rezadas para que la hiciera enloquecer, no la dejarían en paz, hasta que perdiera la cordura, la Murcia nos dijo que ella podía ayudarnos, lo primero era encontrar aquello que habían puesto en la casa, debíamos buscar en cada rincón, en cada puerta, ventana, en el techo, en la cocina, así encontráramos una, debíamos seguir buscando, ella creía que eran varias, cuando las encontráramos debíamos volver donde ella, allí le haría una oración y descubriría quien era el o la culpable, después de esto, nos daría un sahumerio para hacerlo en toda la casa, ya que ese mal era muy fuerte y había que erradicarlo por completo.
Efectivamente así se hizo, todos buscamos en la casa, hasta encontrar cuatro bolsas pequeñas, eran trasparentes, dentro se veían pequeños huesos, al parecer eran falanges de las manos, una en cada esquina de la casa, estaban en el techo, era casi imposible que alguien las encontrara si no estuviera buscando, las llevamos donde la Murcia, ella las tomó con cuidado y respeto , nos explicó que las personas van al cementerio, toman pequeños huesos que se puedan esconder fácilmente, los rezan así obligan al muerto a martirizar a esa persona, pero no lo hacen por que estos muertos sean malos, lo hacen por que la persona que los rezan les prometen si cumplen los dejaran descansar en paz, cuando quieren que el mal sea efectivo y grande, consiguen huesos de varios muertos, en su caso pueden ser de dos o más, ahora debo advertirles, cuando se libere a estos espíritus, ellos tomarán venganza contra esa persona que los hacía esclavos y esto que ella buscaba para su víctima se le devolverá, el doble o más, aún no sabíamos quien era, pero no nos importó , si había hecho el mal que recibiera el mal.
La Murcia, puso los huesos como en un altar, le tiró el humo de un sahumerio, dijo varias oraciones, al parecer en latín dijo mi madre, cuando él humo del sahumerio llenó toda la habitación de humo, pudimos ver el rostro de la culpable, no lo podíamos creer era la hermana del esposo, su cuñada, nunca tuvieron una discusión, ni siquiera un mal entendido, su cuñada iba seguido a la casa de mi prima, se podría decir que eran amigas, la Murcia nos dio unas hojas, para hacer también un sahumerio en la casa de mi prima, así espantar todas las malas energías que quedarán allí.
Cuando llegamos a casa, mi prima le contó a su esposo que la que le estaba haciendo daño era la propia hermana de él, este le contó a mi prima que él le creía, ya que la hermana varias veces le había dicho que se separara y se quedara con los niños que ella se los ayudaba a criar, nunca le dijo el por qué, pero odiaba a mi prima, el esposos sacó su machete y le dijo a mi prima, no te preocupes que a ti te amo y a ella le haré pagar lo que has sufrido, mi prima, se le interpuso en el camino, le dijo que el mal que había hecho se le devolvería, eso había dicho la Murcia.
Efectivamente a mi prima no le volvió a ocurrir nada, era una mujer tranquila y feliz, más que había descubierto que a pesar que su esposo era demasiado tímido , la amaba de verdad, unas semanas después de hacer el sahumerio la cuñada de mi prima enloqueció, hacía del cuerpo en cualquier parte, en su propia ropa, se comía sus propios excrementos, como vivía sola, mi prima debió llevarla a casa y cuidarla, en ocasiones tenía momentos de plena lucidez, pero era peor sufrimiento para ella, siempre fue una mujer bien organizada y verse así sucia la hacía llorar, le pedía perdón a mi prima de rodillas y aunque mi prima decía que si la perdonaba, esta seguía con su sufrimiento y locura, en las noches despertaba gritando que la dejaran en paz, tres años más o menos duró así, mi prima dice que el mismo tiempo que ella pasó sufriendo, una mañana la encontraron muerta, algo la había ahogado mientras dormía, su cuerpo estaba lleno de arañones y morados, en su cara se veía una expresión de terror, sus ojos se querían salir de sus órbitas, pago todo como dijo la Murcia.
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