¿Qué es el privilegio?

Cuando alguien reconoce su privilegio, puede avanzar para enfrentar la discriminación social e institucional.

Pensar en el privilegio y desafiarlo es un ejercicio continuo. Reconocer tú privilegio no es muy fácil. Tal vez, solo por la palabra que usamos, las letras “privilegio”, que la gente siempre piensa que implican riqueza, salud y recursos, pero: ¿qué pasa cuando la gente blanca privilegia o los hombres heteros privilegiados dicen “no soy rico, así que, ¿dónde está mi privilegio”?

Muchas personas piensan que no tienen dinero o que no obtienen recursos con su privilegio y entonces se dificulta entender el significado de la palabra, y la razón por la cual se convierte en un concepto que sigue marcando un gran margen socioeconómico en la vida de nuestro país y continente. Quizá, no deberíamos haber dicho privilegio blanco sino una desventaja negra, o desventajas femeninas porque, es cierto que hay impedimentos por tener ciertas características y sabemos que esto es cierto en la sociedad porque lo vemos todos los días.

Yo he vivido bajo una sombrilla toda mi vida, de tener ciertas dificultades, obviamente no me ha llovido tanto como a otras personas porque yo tengo el “privilegio” de pertenecer a una sociedad en donde ser un hombre cisgénero, heterosexual, incluso con cierto grado de estudios y con un poder adquisitivo suficientemente estable. Una sombrilla que viven millones de personas, sin embargo, hay muchas que no lo pueden aceptar. Entonces, hagamos el ejercicio, de tratar de buscar una definición del “privilegio”.

Para muchos miembros de la cultura mayoritaria (es decir, aquellos que se identifican como blancos, cisgénero, heterosexuales), reconocer el estado de privilegio probablemente no sea una experiencia común o bienvenida. De hecho, a muchas personas nunca se les ha pedido que reflexionen sobre su propio estado privilegiado, y en lo que respecta a la identidad racial, hacerlo podría sentirse incómodo o incluso discordante con la narrativa común sobre los cambios sociales y políticos a lo largo de los años.

En todo el mundo, la sociedad está experimentando un momento en el que las discusiones sobre raza, género, identidad de género, orientación sexual, religión y cultura están a la vanguardia de su vida cotidiana. Muchas personas evitan estas discusiones porque temen que las conversaciones sobre raza, prejuicios y racismo provoquen sentimientos de ira, culpa, incomodidad, tristeza y, en ocasiones, falta de respeto.

A través de varias lecturas, videos, pláticas, reflexiones etc., descubrimos que el “privilegio” se refiere a ciertas ventajas sociales, beneficios o grados de prestigio y respeto que tiene un individuo en virtud de pertenecer a ciertos grupos de identidad social. Es decir, sólo por nacer, crecer y pertenecer a sí mismos, obtienen una ventaja en la sociedad, el privilegio es el acceso no ganado.

El privilegio se puede experimentar a nivel personal, interpersonal e institucional. Las ventajas sociales, económicas, políticas y psicológicas inmerecidas que tienen los grupos privilegiados se obtienen a expensas de los grupos marginados. Por ejemplo, una persona sin discapacidad puede hacer planes para visitar un lugar nuevo sin preocuparse por el mantenimiento de las aceras o si el edificio tiene soportes para la movilidad, como un ascensor o rampas que funcionen. Este es un ejemplo de privilegio de personas capacitadas.

Y viene un ejemplo fresco, local, de un diputado, joven quien fue invitado a un evento social para un distinguido medio de información, pero al encontrarse en el recinto, se dio cuenta que no existían los elementos suficientes para hacer de su estadía una posibilidad. De nuevo, un diputado, alguien que se ha ganado por lo menos la aceptación de un sector de la población suficientemente importante para llegar a un puesto de poder, no podía estar en un lugar porque no existían las facilidades, cabe destacar que el único impedimento de su estadía en ese lugar era que el joven diputado es sordo.

Además, recordemos, las personas blancas o de piel clara pueden encontrar y comprar fácilmente productos como vendajes, maquillaje y medias etiquetadas como “desnudo” o “color piel” que combinen con su tono de piel. Este es un ejemplo de privilegio blanco.

Una persona que puede esperar que su horario de vacaciones laborales o escolares refleje las fiestas religiosas que celebran tiene privilegio religioso. Más en un país casi en su totalidad católico, que no abre las posibilidades de tener una vida sana religiosa si pertenecen al islam, budismo, hinduismo o judaísmo, quienes también tienen un calendario que respeta ciertas fechas que coinciden con sus creencias.

Entonces, una vez que alguien reconoce su privilegio, puede avanzar en el aprovechamiento de ese privilegio para enfrentar la discriminación social e institucional. Algunas formas en que una persona puede aprovechar su privilegio son tener conversaciones valientes con familiares y amigos, abogar por personas sin los mismos privilegios y utilizar técnicas de intervención de espectadores para apoyar a alguien que ve siendo acosado debido a su identidad.

Intentar de no hacer lo contrario, en propagar el machismo, el racismo o el clasismo con chistes y referencias al sexo opuesto o a personas de otras clases sociales. En mi experiencia, he tratado con muchas personas en poder, entre ellos a empresarios que siguen usando palabras tan anticuadas como “joto” o “negro” de forma despectiva hacia otros porque bien saben que, ser de comunidades marginadas les daría menos oportunidades de convivir con el sector que representan. Incluso periodistas que deberían marcar una tendencia hacia la construcción de una mejor sociedad, siguen burlándose de sus compañeras o de sus asistentes jóvenes.

En la actualidad, cada uno de nosotros tiene una identidad que determina cómo nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Nuestras normas sociales y fundamentos culturales no solo influyen en nuestras experiencias, sino que también marcan el rumbo de cómo vemos el mundo. Las diferencias de identidad, y las luchas relacionadas por el poder, se tejen a lo largo de nuestra historia y cultura social y política. De hecho, si bien la diversidad es un sello distintivo y una fortaleza de nuestra nación, el camino hacia un terreno común, el respeto mutuo y la equidad han sido difícil para casi todos los grupos religiosos, raciales, etarios y étnicos que se han convertido en parte del tejido social que se está construyendo. Curiosamente, los jóvenes son quienes han hecho los avances que nosotros mismos no hemos podido sanear por le miedo que al parecer, le tenemos a la evolución del pensamiento y de la raza humana. Los de la “generación de cristal” son quienes más han podido incursionar en el respeto mutuo y en el diálogo abierto sobre las diferencias que existen en el ser humano.

Concluyo opinando: el ser privilegiado no es malo, es normal, es común, lo malo es usarlo en contra de les demás.

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